El ajo, llamado científicamente Allium sativum, es popularmente conocido
y utilizado como alimento desde los tiempos más remotos: lo usaban israelitas dos
mil quinientos años antes de Cristo, lo comían soldados y marineros griegos y
romanos, y lo consumían también campesinos africanos hace más de dos mil años.
Se cree que proviene del occidente asiático, pero fue a partir de su
introducción en el Mediterráneo que lo diseminaron hacia todo el mundo.
Sin embargo, el uso medicinal de esta
planta perenne perteneciente a la familia de las liláceas también guarda por lo
menos cinco mil años de antigüedad. Y tiene una particularidad: es una de las
pocas que sigue formando parte del ayurveda y de las medicinas tradicionales de
China y de Europa, los tres grandes sistemas de curación del mundo.
La lista de sus propiedades terapéuticas –reveladas
por investigaciones modernas- parece interminable. El ajo, conocido como la "penicilina rusa" por su uso en la Segunda Guerra Mundial, es antiinflamatorio,
antimicrobiano, bactericida y antiparasitario. Además, reduce el colesterol y
los triglicéridos de la sangre, disminuye la presión sanguínea, mejora la
circulación y es anticoagulante. Y, por si fuera poco, el consumo de esta
planta estimula tanto el sistema inmunológico como la producción de insulina,
lo que lo vuelve un remedio útil para diabéticos.
Todo estos elementos están en el bulbo de
la planta de ajo. Puede ingerirse de la manera más simple y efectiva, pelando
sus yemas o “dientes”, como también en cápsulas o mediante una infusión.
Solamente hay que saber lidiar con otra de sus propiedades características: su
potente olor, con marcada presencia en el aliento y la transpiración.
Es
necesario aclarar que esta, como cualquier planta medicinal, debe consumirse
responsablemente y con las precauciones necesarias, consultando a un
especialista sobre sus interacciones con otras plantas y medicamentos
farmacológicos.

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ResponderEliminarLa miel es excelente para combatir el aliento fuerte!
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