La principal diferencia que existe entre la fitoterapia y los
medicamentos sintéticos radica en su método de acción: el efecto de estos
últimos resulta inmediato y bien dirigido, aunque es en general agresivo,
mientras que las plantas medicinales tienen consecuencias más suaves y
prolongadas. “En todas las situaciones crónicas o funcionales es mucho mejor la
fitomedicina que los productos químicos porque tiene menos efectos adversos y
contraindicaciones”, recomienda el doctor Goldberg, aunque al mismo tiempo
asegura que “en los casos agudos no hay con qué darle a un químico” por su
acción inmediata, como un corticoide, un antibiótico o una quimioterapia. Y, si
bien recalca la importancia de las adversidades que pueden conllevar los medicamentos
sintéticos, aclara que “una planta mal usada, es decir, en el momento y la
dosis no indicados o en combinación con otros productos, puede hacer tanto daño
como cualquier molécula química”. Ante todo, es necesario un uso racional de
las plantas.
La cuestión del rol alternativo o no de la fitomedicina comienza a
explicarse partir de una cuestión que trasciende a la salud: el mercado. “El
tema es que choca con los laboratorios, a ellos no les conviene que esto se
difunda”, afirma el especialista en plantas medicinales, aunque agrega que “las
multinacionales ya están empezando a tener líneas de fitoterapia porque ven que
ese es el negocio, que la gente está más inclinada a lo natural que a lo
sintético”. Ángel Cano, perteneciente al
sector comercial del laboratorio Pierre Fabré, no cree que haya una competencia
entre el tratamiento a base de fármacos químicos –que logró convertirse en el
tradicional- y la medicina vegetal: “El origen de la medicación surge de las
plantas, nosotros tenemos productos que salen de la fitoterapia”, explica, y
hace referencia a que “cada cosa va teniendo sus posibilidades”. Hoy son los
medicamentos sintetizados y en otro momento “no será ni uno ni otro, habrán
productos biológicos, por ejemplo”, dice Cano. Y deja otra frase para analizar:
“A lo que se consigue en el laboratorio se llega por accidente; probando un
efecto se encuentra otro”. Esto puede ser explicado también desde otro punto de
vista. “La industria de los fármacos es la primera en el mundo, más que las
armas y las drogas. Cuando se descubre una planta que tiene una determinada
propiedad, esta no puede ser patentada a nombre del laboratorio porque es
patrimonio del mundo. La investigan, ubican la molécula que genera la actividad
terapéutica y la sintetizan”, resume Goldberg, quien también es profesor de la
materia Plantas Medicinales en dos
universidades. Aún así, aclara que “gracias a dios existen los medicamentos de
síntesis” y que el problema está en la “sobremedicación que existe hoy en día”.
La consideración de esta rama medicinal –la más antigua de todas, la
originaria- está consolidándose en el mundo y llega a nuestros alrededores. En
Perú es parte de la medicina diaria, mientras que en Chile cien plantas de uso popular ya fueron declaradas medicamentos. Productos sintetizados y naturales
pueden convivir en armonía, sin marginar uno al otro. En la Argentina, aunque
más lento, el proceso avanza y está entrando en las universidades. Lento y casi
imperceptible, como el crecimiento de las plantas. Que estuvieron siempre pero
nunca quedan viejas.