Están ahí siempre: estáticas y en movimiento, respirando y haciéndonos
respirar, vivas y dándonos vida. Las plantas son una pieza clave del mundo
natural que el hombre, como casi todas las especies, aprovecha para desenvolver
su existencia. Y en cuanto a salud, miles de ellas constituyen una fuente que,
en la sociedad moderna, es concebida como alternativa por el enorme –y
efectivo- crecimiento de los medicamentos sintetizados. Sin embargo,
subestimarlas considerándolas más ligadas a una creencia que a curaciones factibles
puede resultar un gran error.
“El tratamiento con plantas medicinales no es alternativo: ellas
fueron lo primero que el hombre usó desde que comenzó su historia en la Tierra
para curarse o aliviar sus males. De modo que lo que fue alternativo fue la
síntesis química que apareció como variante a lo que siempre había utilizado”,
afirma Hugo Goldberg, médico especialista en plantas medicinales, como comienzo
obligado para abordar el tema. Y es que el uso de estas viene de tiempos
inimaginablemente lejanos: los primeros escritos acerca de su utilización como
medicina son de la cultura sumeria y datan del año 3000 a. de C., aunque todo
indica que venían de mucho antes y en distintos lugares. De esta manera, la
fitomedicina constituye la rama más antigua –y comprobada- de la práctica
medicinal y, según se estima, de ella depende aún un 80% de la humanidad. De
hecho, los medicamentos más usados actualmente tienen su origen en el reino
vegetal, como la aspirina, la penicilina y la vincristina utilizada para curar
la leucemia, entre muchísimos. Goldberg no adhiere a la idea de que las plantas
sean consideradas alternas medicinalmente en el mundo: “Hay muchos países que
tienen a las plantas medicinales incluidas en su sistema de salud, incluso hay
leyes que las amparan”, explica. Francia, Inglaterra, España e Italia dan
muestra de ello en Europa. Un ejemplo más cercano es Brasil: desde 2006 hay un
decreto firmado por el ex presidente Lula Da Silva relacionado a la inclusión
de plantas en todos los centros de salud y generando un importante desarrollo
de futuros medicamentos a partir de estas. “El problema es en nuestro país.
Siempre que hablo con mis colegas, me dicen ‘no, eso es para los países del
Tercer Mundo, para los pobres’. No es así, el 70% de las recetas médicas en
Alemania están basadas en plantas medicinales”, argumenta el médico.

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